miércoles, 5 de febrero de 2014

Año nuevo. Conductas nuevas?

Las personas en cuestión cambian, pero la situación es siempre la misma. Yo empiezo siendo descreída, la Summer de la película. Está todo bien, pero no quiero nada serio, no quiero que me agobien, no quiero perder mi libertad, no quiero dejar de hacer las cosas que me gustan, no quiero ceder, quiero seguir siendo amiga de mi soledad.

Tiempo después cuando ya empiezo a acostumbrarme a tener con quien charlar todo el día, que se empecine en  conocerme y se interese por mis cosas, me termino enganchando. Un 30% de mi cerebro sigue repitiendo el decálogo de un párrafo más arriba. Mientras tanto, el otro 70 empieza a encariñarse con la idea  de armar algo a futuro, jugándome sumamente en contra: hago escenas, vivo pendiente del teléfono, stalkeo más de lo debido, hago reclamos, empiezo a extrañar y a querer más de lo que me dan.

Resultado: Rompo demasiado las bolas, no me banco ni yo. Termino sola.


Moraleja: Si quiero que las cosas cambien, tengo que cambiar. 

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